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Tel Aviv como redención de Estambul

¿Significaría lo mismo la Liga Europea de 1994 para la Penya si el triple de Djordjevic dos años antes en Estambul no hubiera entrado? Francamente, NO.

Este titular, que en geopolítica podría tener significados terribles, define bien uno de los sentimientos de la familia verdinegra ante el título de campeones de Europa de 1994.

El triple de Corny, el paupérrimo pero celebradísimo 59-57 ante Olympiakos, no sólo supone el mayor éxito de los 84 años de historia de la Penya.

Supuso también un caso de redención colectiva de libro, digno de estudio por los amantes del psicoanálisis.

Porque el Joventut que debió ser campeón de Europa no era ese. Era el de dos años antes, el de Estambul. El que ganó dos ligas ACB consecutivas. Al que en la competición doméstica sólo plantaba cara el descarado Estudiantes que en la Final Four se desharía como un azucarillo ante el hambre verdinegro de conseguir, cautivo y desarmado el ejército blaugrana, el primer campeonato de Europa para el baloncesto catalán.

Pero ya sabemos todos cómo acabó la fiesta de Estambul. Con un protagonista inesperado, un Sasha Djordjevic no tan joven (contaba 24 años en aquel abril de 1992) pero todavía lejos de ser lo que sería para el baloncesto europeo. Un tipo, entonces con rizos, que tenía todo el descaro y hambre que hiciera falta para hacer lo que hizo: darle el título al tapado, el Partizan “de Fuenlabrada”, ante el que, no nos engañemos: era el gran favorito.

Y de un modo que, 22 años después, sigue escociendo. No lo decimos nosotros: lo decía, ya ese mismo 1994, la portada de un especial “Reyes de Europa” que firmaban unas semanas después los periodistas Justo Conde y José R. Ramos – que cuentan las malas lenguas que habían preparado para la cita de Estambul- con un clarísimo antetítulo “Dos años después de Estambul, se alcanzó la gloria en Tel Aviv”.

Lo decían en las portadas del día siguiente se hablaba de maldiciones, y no había crónica en la que Djordjevic, que vio la F4 por la tele, no fuera nombrado.

Pero, más importante todavía de lo que podamos decir plumillas y aficionados, lo dicen quienes vivieron en el parqué del Abdi İpekçi la puñalada final de Djordjevic, el “public enemy number 1” desde aquel día en Badalona.

En el número 2 de TÚ AL RAMIRO Y YO A BADALONA, publicado en 2012 y cuyo tema principal era el vigésimo aniversario de la temporada 1991-92 en la que Estudiantes y Joventut vivieron una temporada épica enfrentándose por los títulos de todas las competiciones, hablábamos sobre Estambul con dos leyendas verdinegras: Jordi Villacampa y Rafa Jofresa.

Y los dos coinciden en señalar, curiosamente al contrario que los protagonistas del lado “Ramiro” a los que arrollaron en las semis de Estambul, que su recuerdo de aquella Final Four no es agridulce: no. “Es amargo, no agridulce, pero deja de serlo porque pudimos ganar la final four dos años después” señala Jordi Villacampa.

La misma palabra usa el mayor de los Jofresa: “es un recuerdo amargo. Visto con la distancia fueron años buenos, años después ganamos la Copa de Europa pero me hubiera gustado poder ganar dos”.

Tel Aviv como redención. El triple de Corny para sacar el de Sasha. El entonces capitán y hoy presidente verdinegro usa un término muy explícito en nuestro número dos: “tuvimos la oportunidad de curar un poco que nos pasó dos años atrás”.

Por ello, el título de 1994 sirve para que, dos décadas después, la familia verdinegra se reconcilie un poco con 1992. Villacampa reconocía que “es muy importante llegar a las finales, no tenemos muchas oportunidades de hacerlo con este equipo, por eso a pesar de ser un recuerdo de tristeza lo es también de superación y de éxito colectivo: y haber podido jugar dos “finales a cuatro” lo es”.

Y, con la boca pequeña, también lo hace Rafa Jofresa: “en el deporte hay veces que ganas, hay veces que pierdes, pero lo que me queda grabado en la memoria es el trabajo que desarrollamos”...

...pero si no llega a ser por el triple de Corny no estaríamos, 20 años después, escribiendo estas líneas sobre el buen trabajo que desarrollasteis.