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PO-PO-VIC

Un mismo grito que atronó en Badalona y en el Ramiro: el apellido del pívot serbio que sin ser precisamente el mejor ni en la Penya ni en el Estu poco tardó en ganarse a dos aficiones tan distintas.

La plaça de l'ajuntament de Badalona estaba repleta de hinchas para celebrar el título de Copa ganado el día anterior en Vitoria-Gasteiz por la Penya de la doble R, Rudy y Ricky. Pero el jugador más aclamado por las masas no era ninguno de los dos. Ni Mallet, Moiso o Barton… ni siquiera Aíto, de la mano del cual el Joventut había pasado de la mediocridad a volver a ser un grande.

No, el más aclamado era un jugador que no llegaba ni a los 10 minutos de media aquella temporada: “PO-PO-VIC” atronaba en la céntrica plaza badalonesa, a lo que el gigantón serbio respondió con la respuesta que faltaba para enardecer a las masas: “boti boti boti, culé qui no boti”.

El mismo cántico casi hizo caerse el Madrid Arena una temporada después. No, el de los culés no. El apellido del pívot serbio.

Estudiantes se jugaba ¡contra el Real Madrid! cerrar la permanencia en la jornada 32, tras una vergonzante derrota en Donosti que incluso obligó a que la plantilla se disculpara públicamente con la afición. Un año después de haberse salvado de milagro, en una de las remontadas más agónicas que se recuerdan, el Estu se volvía a complicar la vida.

Y entonces el bueno de Petar, que había llegado al Ramiro como temporero y acabó ganándose no solo terminar la temporada sino renovar otra más, hizo lo nunca visto. No me refiero a su habitual gancho ortopédico en la zona que ponía el 61-53 a falta de 3 minutos en un partido bastante malo. No. Ni siquiera a que corriera hacia la canasta estudiantil pensando más en los gestos que dirigía a la Demencia que en defender. Eso era ya relativamente normal. De repente, tras golpearse el pecho mirando al fondo demente, da dos pasos más ¡y se sube encima de la valla de publicidad espoleando la afición!

Y claro está. Los gritos de “PO-PO-VIC” se escucharon hasta en su Belgrado natal. Y Petar sonreía de oreja a oreja. Mereciendo que su foto acompañara en el diccionario a la palabra “felicidad”.