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La columna maldita de Paco Rengel

El pasado día 8, en plena Copa, fallecía el periodista Paco Rengel. Pura raza baloncestística, uno de sus últimos artículos sobre el deporte que tanto amaba lo escribió para nosotros. Una columna maldita.

Paco Rengel era un pionero que amaba el baloncesto hasta niveles insospechados y que siempre se mojó con todo aquel "loco" que le pedía colaboración para cualquier tipo de proyecto relacionado con nuestro deporte.  Porque él mismo era uno de ellos. Mientras veía crecer paso a paso el basket en Málaga, en su cargo de director de deportes del diario "Sur", creó la página web basketconfidencial.com, en la que dio oportunidad a decenas de plumas relacionadas con el baloncesto a expresarse.

Tras salir de Sur, creó un periódico digital, Ymalaga.com mientras que escribía sus dos novelas, "Coma... punto y seguido" y "ADN". Siempre innovando, siempre inquieto. El baloncesto y el periodismo pierden un enorme referente con su muerte, con tan solo 52 años y tanto que contar.

Un buen ejemplo de eso que decíamos de que Paco apoyaba siempre todo proyecto loco de baloncesto es la columna que escribió para la sección "Que se cuelan" de nuestra revista, de "Tú al Ramiro y yo a Badalona". Porque, pese a ser malagueño y ejercer de ello, a Rengel no se le caían los anillos para reconocer que se enamoró de nuestro deporte por culpa de la Penya.

Una columna maldita, porque en ella también hace referencia a otro maestro del periodismo deportivo, y enamorado del basket, que nos dejó apenas unas semanas después de que Paco nos entregara el texto. Hablo de Felipe Sevillano. Felipe era más mayor, y hasta el propio Paco le consideraba un referente: As, Diario 16, FEB, el libro de historia del Estudiantes y el de la FBM... ¡no es para menos!

Como homenaje a ambos, dejamos aquí la columna que Paco Rengel publicó en el nº2 de "Tú al Ramiro y yo a Badalona".


Dos modelos, un solo sello

Paco Rengel

He confesado públicamente en otras ocasiones mi simpatía por el Club Joventut. Como suele ocurrir con estos apegos sentimentales, se trata de una vinculación marcada en la juventud y reforzada por muchos lustros de lealtad. Me hice de la Penya porque descubrí a Zoran Slavnic y comprobé cómo él llevaba las riendas de la rebeldía de un equipo siempre fiel a sus orígenes.

Ya no necesitas más para renovar continuamente tu papel de incondicional. El tiempo no borra los extraordinarios recuerdos. Entre otras cosas, porque te conviene tenerlos vivos para mantener la gratificante sensación de que fuiste joven en otras décadas.

El Estudiantes es otro equipo del que resulta fácil enamorarse, porque su historia está plagada de gestas puntuales que convertían al pobre en rey por un día. Recuerdo perfectamente una paliza que le propinó al Caja de Ronda a principios de los 80 y al entrañable y ocurrente maestro Felipe Sevillano dictándome el titular: “El Estudiantes gana por Perotas”. El partido se celebró en la ‘nevera’ y el equipo malagueño era un recién llegado a la élite.

A lo largo de la historia de ambos clubes es muy posible, casi seguro, que algunos de sus dirigentes hayan intentado traicionar las bases del comportamiento de ambas entidades, pero no lo han conseguido. Al menos, desde la lejanía, se mantiene la imagen de estructuras pendientes de los jóvenes que no dudan en echar mano de los mismos cuando hay que completar la plantilla del primer equipo.

Tantos años manteniendo una filosofía, o intentando recuperarla, imprimen carácter y refuerzan la marca. Son clubes de baloncesto por los que han pasado miles de personas: unos llegarían, otros se quedarían por el camino, pero todos habrán comprobado, con el paso del tiempo, que su vida ha sido marcada por un sello inconfundible de superación, pasión por el deporte y laboriosidad.

Ese sello, propio de quienes pretendieron educar por encima de todo, es lo que les distingue y les permite granjearse simpatías desde cualquier punto del país.

Los títulos entusiasman; las trayectorias enamoran.

Estudiantes y Joventut siempre enamorarán.

 

 

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